Mi sangre aunque plebeya también tiñe de roja

Sócrates A. Campos Lemus | guerrerohabla.com

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Mi sangre aunque plebeya también tiñe de roja

Sócrates A. Campos Lemus

Mi sangre aunque plebeya también tiñe de roja
Enero 13, 2017 19:44 hrs.
Periodismo Nacional › México Ciudad de México
Sócrates A. Campos Lemus › guerrerohabla.com

ENRIQUE PEÑA NIETO RECIBE MUCHAS OVACIONES EN LOS PINOS, PERO MUCHO DESPRECIO EN LAS CALLES.
’CON IMPUESTOS O REEMBOLSOS, PERO MÉXICO PAGARÁ POR EL MURO’: TRUMP. Y ASÍ CON ESE DESPRECIO Y BRUTALIDAD EN EL TRATO, EL PRESIDENTE Y EL VIRREY VIDEGARAY CREEN QUE PODRÁN DOMAR AL IMPERIALISTA FASCISTA DE DONALD TRUMP… ASÍ ES CUANDO ’SUEÑAS MEXICANO’… ESPERAS EL MILAGRITO… Y ESPERANDO, TE LLEVA EL CARAJO.
DESDE HACE MUCHO LAS CLASES DEL PODER POLÍTICO Y ECONÓMICO SOSTIENEN QUE NO SE DEBE HABLAR DE CLASES SOCIALES, QUE ESTO NO ES LA REALIDAD, QUE SOLAMENTE SE FOMENTA LA DIVISIÓN, EL ODIO Y EL RESENTIMIENTO SOCIAL y es lógico que así sea en una lucha de clases que a pesar de que no se admita, existen, y se den las confrontaciones entre ricos y jodidos, por esa razón no está de más volver a publicar aquella carta que escribiera el filósofo y escritor mexicano Héctor Jesús Zagal Arreguin cuando la hija del presidente Enrique Peña Nieto, Paulina Peña Pretellin, escribía al inicio del sexenio: ’un saludo a toda la bola de pendejos que forman parte de la prole y sólo critican a quien envidian’, y dijo:
’No tengo el gusto de conocerte personalmente. No sé cómo eres, desconozco tus cualidades, tus aficiones, tus intereses. Entiendo tu molestia al escuchar las críticas a tu padre, Enrique Peña Nieto. Son gajes del oficio. Deberías irte acostumbrando a los ataques contra él. En una democracia, la crítica es un ejercicio fundamental. Tu padre es una figura pública y, por ende, sus actos serán juzgados con rigor. ’Por qué son tan duros con él’, te preguntarás. Bueno, los funcionarios públicos ganan mucho dinero. Hay miles de personas dispuestas a sufrir críticas y cuestionamientos con tal de figurar en la nómina oficial. El sueldo bien vale esos golpes’.
’No. Pero no es de tu padre de quien quiero hablar, sino de ti. ¿Te confieso algo? Me aterra que hayas utilizado la expresión ’hijos de la prole’ como un insulto. Insisto, es disculpable que te enfades por la burla hacia tu padre. NO me asusta que los llamaras ’babosos’, ’tontos’. Es más, no me preocupa el que nos hayas llamado ’pendejos’. En cambio, no se puede excusar tu menosprecio a los hijos de los trabajadores, de los obreros’
’¿Oíste del escándalo de las Laides de Polanco? Descalificaron a un policía llamándolo ’asalariado’. Algo similar hiciste tú: descalificas a la mitad del país por su condición social. ¿Qué tiene de malo ser hijo de obrero? ¿Te avergonzarías de tu padre si fuese un vendedor de tamales o un plomero?’
’Sin pretenderlo, con tus palabras has revelado tu clasismo. Desprecias el trabajo manual. Minusvaloras a quienes se mantienen con su esfuerzo ¡Qué tristeza que así piense la hija de un presidente!’
’Hijos de la prole’ son, en efecto, quienes estudiaron en escuelas públicas, quienes utilizan el metro, quienes no comen cortes argentinos y quesos españoles, quienes no utilizan zapatos de miles de pesos, quienes no se atienden en el hospital ABC, quienes no viajan en helicóptero. Los hijos de la prole, por el contrario, deben hacer largas horas de filas en las clínicas del seguro social, deben comer carbohidratos (tortillas), deben apretujarse en los transportes públicos. Deben estudiar en salones sin computadoras. Los hijos de la prole, querida Paulina, ganan en un año lo que tu padre gana en una semana. Cuando leas estas líneas has el siguiente ejercicio. Revisa lo que llevas puesto encima: perfume, cremas, desodorante, ropa, zapatos, celulares, aretes. Suma el total. ¿Sabes que traes encima más de lo que una indígena gana durante un año de trabajo duro?’
’Paulina, me da terror que pienses así. Tu lapsus reveló tu ’realidad’. Vives en una burbuja color de rosa. ’Hijos de la prole’ no es un insulto, sino un título honorable. Este país, que tu padre gobierna, depende de los obreros, de los campesinos, de los empleados, depende de esas personas a quienes menosprecias’
’Ojalá este gravísimo desliz no sea fruto de tu educación que recibiste en casa. Ojalá y sea culpa tuya, fruto de tu arrogancia (tan propia, eso sí, de la clase alta mexicana) ¿Este es el resultado del gobierno gobernado por una persona que desprecia al proletariado?’
’Finalizo diciendo: ’Mira Paulina, me parece que por tu bien, debes inscribirte en una escuela pública, reducir tu escolta al mínimo, tomar el metro en horas pico, y ponerte a trabajar. Por si no lo sabes, muchos de los ’hijos de la prole’ se pagan sus estudios con su trabajo: los hay campesinos, vendedores, obreros. Algunos trabajan desde niños’
Es una realidad lo dicho en esa carta, es claro que existe esa forma de pensar de las clases altas, de los riquillos que creen que los demás son pobres porque son huevones o flojos. Así los han educado sus padres. Lo dicho por Paulina sin duda es lo que dicen en la casa del presidente, es su forma de pensar. lo vemos en sus actos y acciones, en su forma de vida, en sus escándalos, en sus ambiciones personales, en su fortuna, en sus costumbres y sus relaciones mafiosas con los hombres del poder económico con los que está asociado o hace los negocios privados con los fondos y recursos públicos. Ahí está la razón real de lo que acontece. Por esa razón, me sorprendió que en Oaxaca, Alejandro Murat, obligue a sus funcionarios a que salgan de sus escritorios y vayan a conocer y enfrentar la realidad de los pueblos jodidos, injodibles, de la entidad, esta es una gran lección y es como si se realizara en Oaxaca, la ’revolución cultural’ que disparó el desarrollo en la China de Mao… sería bueno que lo probara el presidente con sus familiares y miembros de la burbuja del poder… aprender algo nuevo siempre mejora la salud y la visión de los hombres… cuando menos, dejaran de pensar que son exclusivos, sino que son parte de la gente común, la del infeliciaje y que no hay ’sangre real ni azul’, todos, como la canción que dice: ’mi sangre aunque plebeya también tiñe de rojo’…

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